¿Por qué voto por Lasso?

Posted on febrero 2, 2017

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Cuatro años atrás, escribí un post similar. Para quienes deseen leer mis motivos de entonces, que se mantienen intactos, pueden hacer click acá. Esta entrada no pretende redundar sobre esos puntos sino complementarlos, después de un tiempo en el que he podido conocer mejor a Guillermo Lasso, de quien soy amigo, además de miembro de su equipo político y de comunicación. Mi postura no pretende ser la de un observador externo y objetivo. El lugar que ocupo, me permite ver cosas que desde afuera son más difíciles de observar y es esa perspectiva la que pretendo compartir.

Spoiler: no voy a hablar del salvador de la patria. Tal personaje no existe.

Me siguen preguntando cómo así estoy cerca de él. Lasso, el “banquero Opus Dei y capitalista”. Yo: “el cineasta, no religioso, ambientalista”. El hecho de que trabajemos juntos es la respuesta más obvia: Lasso aprecia la diversidad y no se cree dueño de la verdad. Tiene firmes convicciones personales, pero sabe escuchar. Su personalidad es respetuosa por naturaleza. Por mi parte, no acostumbro juzgar a la gente por sus creencias religiosas, su ideología o su profesión. Me intereso más por sus posturas éticas. Si coincidimos en ciertos principios, las diferencias son oportunidades para aprender. Pero hay algo más de fondo: sacarse la máscara, mirar el escenario sin prejuicios. Cuando se rompe esa barrera, que alguna vez también tuve hacia Guillermo, afloran muchos puntos en común: ambos somos directos al expresar nuestras opiniones, nos indigna la corrupción y los abusos, hemos emprendido y somos nuestros propios jefes. Ambos nos apoyamos mucho en nuestra familia más cercana y algunos amigos entrañables. Ambos somos sensibles a los ataques, no tenemos la piel de madera. Ambos estamos abiertos a aprender de otros. Ambos nos hemos jugado parte de nuestra economía, nuestro tiempo familiar, nuestra tranquilidad, nuestra reputación y nuestro físico por disentir con el proyecto totalitario impuesto en Ecuador.

Sacarse la máscara, es el ejercicio que quiero poner en práctica en este texto, porque revela mucho respecto a qué nos jugamos como país el 19 de Febrero y derrumba algunos prejuicios hacia Guillermo Lasso. Este ejercicio no es el retrato de un ser ideal o perfecto. Para nada. Pretende simplemente ser un retrato fiel de un personaje que he podido conocer en la intimidad de una campaña donde deben tomarse decisiones críticas en momentos de enorme presión. Decisiones que ponen la ética de las personas a prueba. Este ejercicio es importante porque, paralelamente, y durante una década, el correismo se ha valido de su propaganda para construir retratos falsos de personajes como él.

El Estado de propaganda impuesto por el correismo ha sido nefasto. Martillar la mente de tanta gente durante tanto tiempo para impulsar resentimiento, división, miedo y falsos relatos, nos ha metido en un hoyo que será difícil sortear como sociedad. Nuestro barco ha sido guiado por el peor capitán posible. Por eso, el dilema del Ecuador no es entre socialismo o capitalismo. Tampoco uno de izquierda versus derecha. Nos jugamos cosas más elementales. Mucho más elementales. Y más profundas. Los modelos que están sobre la mesa apelan a principios básicos y para entenderlos, es importante diseccionar a los personajes que los encarnan.

Quién es Lasso y quién es Correa

De muy joven, Bill Gates se propuso poner una computadora en cada escritorio del mundo. Hay gente así, medio zafada, que se plantea objetivos que suenan imposibles… y los consigue. Mucha gente sueña en grande, pero alcanzar metas en una sociedad tan compleja demanda mucho más que sueños, talento, oportunidades y algo de suerte. Tampoco es un tema de ambición. Es un tema de carácter. Quien no conoce a Guillermo Lasso o quien pretenda desacreditarlo, dirá que la meta de generar un millón de empleos en cuatro años, es demagógica. Pero hay que conocer a Lasso para afirmar con certeza, que no. Lasso no se planteó esa meta para ganar más votos y porque un millón de empleos suenan bonito. La planteó porque viene trabajando con su equipo económico varios años, de forma muy seria, pensando que en que será Presidente. Le plantea una propuesta ambiciosa al Ecuador porque ese es su carácter. Así es como él ha procedido en su vida, desde que era un niño.

Hay dos historias paralelas en Ecuador de las que se ha hablado poco, pero dicen mucho:

Guillermo Lasso y Rafael Correa surgieron de la misma clase económica: media baja. Es más, estudiaron en el mismo colegio, el San José La Salle de Guayaquil. La estructura familiar bajo la que fueron criados es muy distinta. Lasso, formado en el seno de una familia numerosa, donde los padres mantuvieron hasta su muerte una relación sólida. Correa, criado en una familia conflictiva, con un padre muchas veces ausente del hogar. El padre de Lasso perdió su empleo cuando este tenía 15 años y le dijo que tendría que cambiarlo de colegio. Guillermo, en lugar de abrumarse, se propuso trabajar para pagar sus estudios. Nunca más dejó de trabajar. Desde pequeño, Lasso tiene muy arraigado el valor del trabajo como instrumento de superación y camino para alcanzar metas en sociedad. A partir de ahí, podría hacerse un paralelo de cómo Lasso y Correa fueron haciendo carrera, cómo alcanzaron sus metas, el rol que ocuparon sus familias y cómo fueron construyendo su respectivo patrimonio.

Lasso, sin tener la oportunidad de asistir a la universidad ni pertenecer a una familia acomodada, se fue abriendo camino en el mundo financiero, donde su logro profesional más destacado fue tomar un banco pequeño y casi quebrado para –varios años después- convertirlo en el segundo mayor banco del país. Lasso nunca fue un gran comunicador. Siempre ha sido un tímido. Físicamente, no intimida a nadie. Pero es inteligente. En el campo privado, alcanzó todas las cumbres que se propuso, construyendo su patrimonio en más de 45 años de trabajo honesto. Tan es así, que ni el correismo, controlando justicia y fiscalía, ha podido probarle jamás irregularidad alguna. Eso, demanda carácter. Y a Lasso, le sobra. Por eso, la generación de un millón de empleos para alguien como él, es un reto posible, además de un proyecto seriamente pensado.

Rafael Correa en cambio, es la antítesis de Lasso.

Con una trayectoria académica destacada, enormes capacidades histriónicas y una presencia imponente (es decir, con importantes herramientas a su favor), Correa se traicionó a sí mismo apenas llegó al poder. Y digo que “se traicionó”, porque no creo que su ideal de presidente en sus años como profesor universitario era ese sujeto en el que se ha convertido: un tipo desequilibrado, abusivo, intolerante, amargado, lleno de odio y resentimientos y lo peor: incompetente en lo que se supone es su mayor fortaleza, la economía, área donde académicamente destacó. ¿Patrimonio? Correa lo vio dispararse de forma radical apenas se hizo Presidente, de un día a otro, a partir de un juicio que le ganó a Banco Pichincha por el que recibió una indemnización totalmente desproporcionada en relación a casos similares o más graves (para la historia y futuros fiscalizadores queda el hecho de que su abogado en ese juicio es hoy el actual Fiscal). Correa se fue por el camino fácil: usar el poder para hacer plata. Usar el poder para atropellar. No se trata de cuánto dinero está en juego. Se trata de cómo haces tu dinero. Y Rafael Correa no ha trabajado la mayor parte de su patrimonio, sino que se lo ganó a las patadas. De personalidad imponente y abrumadora, de enormes dotes como comunicador, Rafael Correa demostró ser un tipo sin carácter. Prueba de aquello es que fue ampliamente derrotado por los peligros que vienen con el  poder: delirio de grandeza, abuso contra quienes le cuestionen y corrupción.

Carácter versus personalidad.

¿Cómo, si no es con carácter, un tipo como Lasso, tímido, temeroso de hablar en público, atacado a diario por el gobierno desde hace 6 años, decidió abandonar la comodidad de su carrera, incursionar en la política, ponerle la cara a todos los prejuicios en su contra y ser hoy la principal opción de la oposición para ser Presidente del Ecuador? Para llegar a donde ha llegado, Lasso ha tenido que reinventarse a sus 62 años, dejar a un lado sus comodidades,  jugarse su reputación y su patrimonio para liderar un proyecto político.

Carácter: escoger el camino difícil, reinventarse, aferrarse a los sueños y los principios, navegar a contracorriente, sobrevivir y llegar.

¿Cómo si no es por falta de carácter, un tipo como Correa, que contó con un apoyo popular sin precedentes y un petróleo a  más de 100 dólares, cambió la oportunidad de trascender resolviendo los problemas de fondo del país, por un Ecuador con la mayor deuda de su historia a cuestas, una economía en recesión y un aparato mafioso y corrupto no visto ni en la peor etapa de la partidocracia? Se construyó una reputación y un buen patrimonio con propaganda y su proyecto político. Lo tuvo todo para hacer las cosas bien pero no le dio la talla y tiró al país por la ventana.

Ausencia de carácter: llenarse la boca de patriotismo y engañar a la gente con tu talento histriónico mientras tu partido se llena los bolsillos de dinero. El camino más fácil.

Lasso es un buen administrador, capaz y poco carismático para una contienda electoral. Rafael Correa es un tirano populista, incapaz de administrar la escasez y con un gran talento para manipular. Y además, con la cara muy dura. Basta analizar otro aspecto de la vida paralela de estos dos personajes: el rol que han ocupado sus familias en la vida de cada uno y su relación con el poder.

Para sacarle la máscara a Guillermo Lasso, es clave conocer a sus hijos. Padre de cinco (dos mujeres y tres hombres), he visto personalmente a Guillermo abandonar compromisos de campaña para estar presente en los cumpleaños de sus hijos o de sus nietos. Ha cancelado reuniones de trabajo vitales para estar con su familia. Y por eso también, en esta última etapa de campaña, donde los compromisos son ineludibles, es su familia quien le acompaña a todos lados. No están ahí con él por la foto. Están ahí porque le aman y le admiran. Y, estoy seguro, están ahí para apoyarle en una campaña política dura, donde además de enfrentar al correismo, Lasso ha tenido que mantener el rumbo en medio de embates canallas del socialcristianismo. Si Guillermo habla mucho de la familia ecuatoriana, es porque él es un hombre de familia. En su total dimensión. Y sus hijos, son una fiel proyección de los valores que en ese hogar han inculcado Guillermo y su esposa, María Lourdes: respeto, trabajo, solidaridad, integridad. Cuando conocí a sus hijos mayores, no me lo podía creer. Estaba ante unos muchachos tranquilos, con los pies en la tierra, sin fantasías en la cabeza. En familias con ese dinero, es muy común encontrarse con niños mimados, sostenidos eternamente por sus padres, que se sienten reyes del mundo. Los hijos de Lasso no solo que habitan este planeta, sino que sus logros personales y profesionales, son propios. Se los han tenido que ganar trabajando y no por los regalos que les haya podido dar su papá. Cuando me imagino a Lasso en el poder, proyecto a su familia orientándolo en la intimidad, donde las papas queman y se deben tomar decisiones difíciles. La familia de Guilllermo Lasso es su cable a tierra.

Tener ese tipo de éxito profesional y al mismo tiempo construir un hogar sólido y auténtico, requiere carácter. No es nada fácil conquistar esas cumbres en la vida y estoy seguro que todos los que lean este texto tienen esa certeza.

A la familia de Correa, ya la conocemos. Fabricio, su hermano y tesorero de su primera campaña, engañó al Estado para facturar más de 80 millones de dólares a través de empresas fantasmas. Rafael calificó como delitos las movidas de su hermano, pero quienes enfrentaron un juicio terminaron siendo los periodistas que denunciaron al Gran Hermano y los miembros de la comisión de la verdad, que afirmaron que el Presidente estaba al tanto. Con la excusa de que no quería afectar a su madre, Rafael se dio el lujo de que su hermano Fabricio engañara al Estado sin que le pase nada. NA-DA. Claro, dejar que la justicia actúe sobre los delitos del hermano habría demandado integridad y carácter. Respecto a Pierina, anoten este tuit: algún día se va a fiscalizar el patrimonio que hizo durante la revolución ciudadana. Y será indignante para todos.

La familia de Rafael Correa revela aún más de que está hecho este personaje: gente que se frota las manos para hacer del poder político, su negocio privado. Y amigos, esa es nada más y nada menos, la síntesis del correismo.

Correismo: decenas, cientos de apellidos de funcionarios públicos  que durante una década se han cansado de hacer plata con el poder. Ahí está la familia que controla la comunicación. Ahí está la que controla el Petróleo. Ahí está la que controla las telecomunicaciones. Ahí están las decenas de malandros que piden comisiones en la obra pública, que termina con sobreprecios insultantes. Ahí están los yates de gente que antes de la revolución estaba quebrada y vendía sánduches.

Eso es el correismo. Eso es lo que representan sus actores menores, una larga lista de bandidos, que han construido patrimonios gigantescos sin trabajar, pero que gracias a la propaganda se presentan como solidarios, patriotas, dignos.

Y gracias a la propaganda también, pintan a un hombre honesto, como un ladrón.

10 años después, ya estuvo bueno. Hay que decir las cosas como son.

Nótese que no hablo de hidroeléctricas o carreteras. No tengo la premisa de comenzar una guerra de propuestas, sino analizar los principios éticos que plantean dos líderes políticos capaces de implementar  rumbos completamente distintos. El correismo ha sido capaz de poner las cosas al revés: pintarse la cara de patriotas porque hacen hidroeléctricas, cuando deberían responder ante la justicia por el hecho de que se llenaron los bolsillos en el proceso.

 

Hay una diferencia enorme entre quien se ha hecho a sí mismo trabajando, versus quién se ha hecho a sí mismo abusando. Correa, convirtió sus defectos personales en un modelo político.

¿Es un santo inmaculado Guillermo Lasso? No. Es un hombre íntegro. Nada más. Pero nada menos. Y si quiere ocupar el puesto de mayor poder en el país, tendrá que reinventarse aún más, porque le queda mucho por asimilar y por aprender. En lo político, sigo teniendo muchos reparos con él y serán motivo de futuros posts, donde hablaré de sus propuestas. ¿Puede equivocarse? Sí. ¿Puede traicionarse? Sí. Pero para eso tendría que torcer la historia que él mismo forjó, desde niño. Es posible, pero improbable.

Si Lasso llega al poder, habrá que ayudarlo, con posturas críticas frente a sus errores y sin sobredimensionar sus aciertos. No necesitamos un nuevo mesías. Necesitamos un presidente. Y para mí, son muy claros los dos modelos que están en juego el 19 de Febrero.

Que se tumben de una vez las máscaras. Mi voto, por Guillermo Lasso.

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