Breve diálogo con Sara

Posted on abril 27, 2012

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La encuentro en un café esquinero, preguntando por “unos gringuitos” que le “sabían ayudar”. La mesera no conoce a los extranjeros y solo atina a darle un vaso de agua. Su mirada está extraviada. Viste un calentador y lleva una mochila. Busco sus ojos hinchados y cuando encuentro su mirada, le pregunto qué pasa.

  • Mi hija murió anoche en el Baca Ortiz.
Silencio. Luego continúa. 
  • No me la quieren dar hasta que compre la caja. Me faltan 30 dólares para podérmela llevar.

La invito a sentarse conmigo.

  • ¿Quieres comer algo?
  • No tengo hambre, gracias.
  • ¿Cómo te llamas?
  • Sara
  • Y tu hija, ¿cómo se llamaba?
  • Gloria
  • ¿De dónde eres?
  • De San Lorenzo
  • ¿Tienes más hijos?
  • No. Ella era mi único ángel 
La mesera deja en la mesa el sánduche y el jugo que pedí. Pienso en Ariel. No se me ocurre un dolor más grande que perder un hijo. No existe un antídoto para eso. Puedo ayudar a Sara con la caja, pero nada puede detener el salto al vacío de su alma.
  • ¿Qué le pasó a Gloria?
  • Tenía cáncer
  • ¿Cómo cáncer? ¿Cuántos años tenía?
  • Ocho. Le salió un tumor en la cabeza (Sara señala la parte superior de su oreja derecha)
  • ¿Hace cuánto?
  • Como un año. Necesitaba una válvula, pero yo no la podía pagar. Ayer fui a la vicepresidencia y me dijeron que me iban a ayudar, pero ya mi niña se murió.
  • ¿Por qué no te ayudaron antes?
  • No sé, yo pedí ayuda antes, pero nadie me ayudó.
  • ¿No sabías que existe un decreto para que la gente que sufre enfermedades como el cáncer reciba todo el tratamiento sin pagar nada?
  • No sabía.
  • ¿Nadie te lo dijo en el Hospital?

Niega con la cabeza. Solloza. Yo me anestesio contra el dolor. Mi sufrimiento no traerá de regreso a Gloria.

  • ¿En qué trabajas?
  • Recojo conchas y camarón. De eso vivo.
  • ¿Y el papá?
  • Madre soltera. 
Cruzamos teléfonos. Me dice que cuando vaya a San Lorenzo me va a pagar. Tomo sus manos, las acaricio… son duras en la parte interna y muy suaves en la cara exterior.
  • ¿Cuántos años tienes?
  • 31
  • ¿Y Gloria?
  • Tenía 8
  • ¿Cómo estaba antes de irse? ¿Se fue tranquila?
  • No la vi. Entró al quirófano y luego el doctor me dijo que había muerto. Que lo acompañe a la morgue. 

Hoy Sara luce como de 50. La abrazo. Se refugia en mí. Por la fuerza de sus brazos sé que su historia es real, sus lágrimas sinceras. Quisiera quitarle algo de su carga. Nadie le ha dado una palmada en la espalda siquiera. Está sola. Física y emocionalmente abandonada. Le digo que no puede rendirse. Que Gloria vino por alguna razón, que habrá dejado sus lecciones y que la única forma de honrar su vida es recuperando, con el tiempo, la alegría. Le pido que me deje fotografiar sus manos. 

Sara se va. Tiene una caja que comprar.

Una válvula habría salvado a Gloria. Su madre vino a Quito por contadas ocasiones, a lo largo de un año, para su tratamiento. Le dijeron que la lleven a Solca, pero eso costaba $70 y Sara no tenía.

Hoy Sara recoge $70 para comprar la caja donde Gloria será enterrada. Y los consigue en un par de horas.

Sara no sabía que Gloria tenía derecho a un tratamiento integral gratuito de parte del Estado por ser víctima de una enfermedad catastrófica. Ninguno de los miserables que la atendió en el Baca Ortiz, se lo dijo tampoco.

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